Mirar a los ojos

Ha pasado algún tiempo. Siempre es así.

Hemos tenido ocasión de cruzarnos algunas palabras con anterioridad. No es la primera vez que hablamos. Es la primera vez que me miras a los ojos.

No como esas miradas protocolarias que se producen en una conversación. Porque nos miramos a los ojos en silencio. Convendrás conmigo que cuando se mira a los ojos, de esta manera, sobran las palabras. Es el silencio mejor compañero.

Hemos dejado de hablar de manera repentina. Parece planificado, de tan automático y coordinado. Pero el mirar a los ojos no tiene nada de previsión.

Tampoco hemos agotado el tema. Podríamos haber continuado nuestra conversación, pero hay palabras que no existen en más vocabularios que las pupilas.

Te he mirado a los ojos. Y me he sentido reconfortado. Sé perfectamente lo que quieres decir.

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