La costumbre

Soy una persona de costumbres. Siempre lo he sido.

Soy en cierta manera previsible. Es mi debilidad.

Soy de esos a los que les gusta el frío en invierno y el calor en verano.

Que llueva en primavera y en las frías noches de otoño.

Se me dibuja una sonrisa. Me tranquiliza.

Pienso en mis costumbres. Es una costumbre que tengo.

Busco en mis costumbres certezas.

En realidad, quizás,  escondo mis temores e inseguridades. El miedo de no estar a la altura.

Me apoyo en la costumbre. Y acudo a ella.

Así me parece que controlo algo. Es más una sensación.

Pero estoy aprendiendo que a la costumbre hay que acostumbrarla, dejarla que vaya a su ritmo.

Que el futuro se escribe día a día.

Y que  la mejor manera no es otra que permanecer siempre pensando. Imaginando. Creyendo.

Buscando nuevos retos, nuevos puntos de apoyo. Permanentemente conectado.

Y descubro así, poco a poco, la fuerza y la magia de lo improvisado.

De lo conseguido sin ser lo esperado.

De la novedad. De lo no planificado.

Que puede escribirse un guión sin ser lo acostumbrado.

Que una sonrisa no depende de un guión, sino de los protagonistas.

Y en ésas estoy, y ahí seguiré…intentándolo.

No es bueno acostumbrarse. Sí lo es sentirse acompañado.

Y es que…lo reconozco…a veces, estoy mal acostumbrado.

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